En la India vivía una familia muy pobre, mientras que su vecino vivía en un palacio rodeado de un gran jardín. Una mañana, la mujer pobre, al acercarse al jardín, escuchó cómo, dando tres palmadas, un genio aparecía y concedía a su vecino todo lo que le pedía. Asombrada, corrió a contárselo a su marido. Ambos decidieron hacer una visita a su vecino cuando el hombre les mandó a pasar. Le contaron que no tenían ni para dar de comer a sus hijos.

El vecino compasivo accedió a dejarle ese genio por dos días, pero les advirtió de que tendrían que mandarle cosas continuamente. De lo contrario, el genio les cortaría la cabeza. Agradecidos, salieron con la botella y en seguida dieron tres palmadas. El genio salió. Era impresionante por su gran tamaño, sus lujosas ropas y su enorme espada en la cintura.

– Hola, mi amo. Dime qué deseas! – Exclamó el genio.

– Construye una mansión espléndida.

El genio chasqueó los dedos y al instante apareció un enorme castillo

– Ahora con muebles de lujo – le dijo la mujer pobre al genio.

Así lo hizo, con ropas de calidad y cuadros y joyas, además de un carruaje. Y así sucesivamente.

Todo lo que pedían se lo concedía el genio de inmediato. Llegó el momento en que sintieron hambre y pidieron manjares. Con un chasquido de dedos al genio, los alimentos más exquisitos cubrieron la gran mesa.

Sin embargo, antes de dar el primer bocado, el genio preguntó:

– Mi amo! ¿Qué más desea ahora?

Y al ver que no le decía nada, el genio comenzó a desenvainar la espada. El hombre pálido, la mujer más blanca aún.

– ¡Espera, espera! Construye un jardín.

Después pidieron un estanque, luego una rueda, y a continuación mandaron al genio que pusiera peces de colores que nadan en él. Y así hasta que se les agotaron todas las ideas.

Entonces le dijeron al genio que deshiciese todo lo construido y lo cambiara por algo aún más hermoso.

Pero lo hacía tan rápido que estaban angustiados. No podían ni comer ni disfrutar de todo lo que habían deseado. De modo que nada más amanecer, el marido pidió ayuda a su vecino.

– ¡En cualquier momento nos cortará la cabeza! Gritaba a pleno pulmón.

El vecino lo comprendió.

– Te lo advertí, dijo – Pero no te preocupes, que yo sé cómo dominarlo. Vamos.

Juntos llegaron al castillo, donde la mujer temblaba de miedo. Justo en el mismo momento en que la espada se alzaba, el vecino ordenó:

– Genio, construye un pozo en el jardín que llega al centro de la tierra.

El genio así lo hizo

Después, el vecino continuó:

– Ahora coloca un poste en el centro del pozo, que también llegue al centro de la tierra.

El genio volvió a dar un chasquido de dedos y el poste apareció en el centro del pozo.

– Muy bien. Ahora quiero que subas y bajes por el poste hasta que yo te diga.

El genio comenzó a subir y bajar por el poste sin parar. La familia abrazó a su vecino y pudieron disfrutar de sus posesiones.

Después de bastante tiempo, el genio llamó a su amo pidiéndole volver a la botella. Estaba totalmente agotado y suplicaba:

– Así ya sólo haré lo que me manden sin agobiar a mis dueños ni utilizaré jamás la espada.

Podemos imaginar que el genio es nuestra mente y pensamientos que sin control pueden hacernos perder la cabeza. El poste y el pozo serían la respiración para calmar al gran genio.

¿Qué os parece esta historia y qué otras interpretaciones le encontráis al neurocuento?

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