El perdón tiene un gran impacto en nuestra vida, incluso a nivel neuronal

Hoy traemos una neuropíldora con las consecuencias clave que tiene perdonar en nuestro propio cerebro, con impacto directo en nuestro bienestar y en la vida a todos los niveles.

Este es un gran tema para el inicio de año, para comenzar con la mochila vacía, para llenarla de todo aquello que queremos para este 2021.

¿Qué ocurre cuando estamos enfadados?

Porque cuando nos enfadamos, tenemos rabia, decepción o nos sentimos heridos por una persona que nos ha hecho algo, que nos ha desequilibrado emocionalmente, que nos ha hecho estar muy tristes o rabiosos… entonces el efecto en nuestro cerebro es como un estado de estrés o depresión.

Lo que ocurre al perdonar

Cuando perdonamos algo podemos soltar ese estrés, y al estar más relajados, nuestro cerebro puede encontrar mejores ideas. La respiración es más tranquila, tenemos más oxígeno, los dos hemisferios están mejor conectados.

Entonces vamos a encontrar más fácilmente respuestas, soluciones a lo que los retos que sigan viniendo, referentes a esa persona o no, pero entonces brindaremos claridad a esa situación para tomar la siguiente decisión con valentía.

El primer paso es perdonar y perdonarnos. Y desde esa calma, desde ese relax, ya tomar una decisión, no reaccionando sino desde nuestra tranquilidad.

Además, el perdón mejora la confianza en uno mismo y en los demás, puesto que muchas veces si nos decepcionamos o alguien nos engaña o nos hace algo que nos sienta fatal, se nos puede quedar un patrón de que si eso nos ocurre una vez, nos puede pasar muchas más veces y eso puede desencadenar que nos afecte después en todo tipo de relaciones. 

Al perdonar evitamos caer en ese patrón destructivo, y eso lo vamos limpiando, puliendo, teniendo más facilidades a la hora de relacionarnos y no estaremos con esos rencores acumulados, que no tienen nada que ver con las personas que nos estemos relacionando en el futuro.

Experimentos científicos sobre el perdón

Se llevó a cabo un experimento por parte de Charlotte van Oyen Witvliet, del Hope College de Michigan. Se realizó con 35 mujeres y 35 hombres. Se les propuso pensar en algo que habían vivido recientemente muy doloroso, una decepción, algo fuerte.

Se vio la evidencia de que la amígdala presentaba una alta actividad, además había respiración acelerada, aumento de la segregación de cortisol y otras señales de altos niveles de estrés y sentido de alerta.

En cambio, cuando las personas empezaron a hacer ejercicios de perdón, por fin encontraron equilibrio en todos estos diferentes aspectos fisiológicos. 

Ha habido muchos más experimentos similares que apuntan en la misma dirección, demostrando que sin duda el perdonar ayuda a mejorar el estado de bienestar general, mejorando así la salud y también la funcionalidad de la persona.

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